Doodles

(Disclaimer: Este post lo escribe Nacho en primera persona para no complicarse la vida redactando)

Ninguno de nosotros se autopercibe dibujante pero ambos dibujamos. Yo dibujé muchísimo hasta eso de los 20 años (cosas inspiradas en videojuegos, mayormente) y después lo dejé de hacer cuando me llevó puesto la vida adulta salvo alguna tarde excepcional, Nani mantuvo el yeite de dibujar lapicera en mano en su vida académica y con el garabato como pasatiempo inconsciente.

Una noche de intercambio de ideas ñoñas como tantas otras, estábamos mostrándonos cosas en un cuaderno y empezamos a dibujar. Libremente, como chicos, dejando fluir la lapicera. Y así nos inventamos un juego donde dibujamos para que el otro adivine, una especie de Pictionary de reglas laxas, y fuimos descubriendo las similitudes y diferencias en las formas de representar las formas e ideas en el papel.

También nos quedó la costumbre de otras épocas de dibujar a mano alzada, mayormente a birome, escenas varias que nos llamen la atención. Intentar reproducir los elementos compositivos de una foto propia, copiar un ambiente en el que nos encontramos, algún objeto, un sueño, etc.

Cualquier cuaderno de tantos que nos rodean está lleno de “doodles” y bocetos de cosas, mayormente esquemas que usamos de apoyo para explicarle algo al otro, pero cada tanto aparecen chispazos de arte espontáneo donde nos distraemos y volvemos a ser esos chicos que se distraían en clase de química haciendo caritas en el margen de la hoja, y esperamos no perderlo nunca.

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